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LANZARSE DE CABEZA A LA PISCINA HELADA DE LA MUSICA CLASICA

09 Nov

Corrían los ventosos idus de Marzo del año 1994, cuando el que escribe estas líneas, contaba con 20 añitos. Entre Stratocaster Knopflerianas y Telecaster Claptianas, poseía yo otra oculta afición, menos visible… la música clásica.

Por aquel entonces pasaba mi tiempo entre clases de derecho constitucional y partidas de mus en una cafetería llamada
“El Escondite”, a las espaldas de la Facultad granadina.

Una fatídica tarde de aquel lejano 1994, me disponía a asistir a un concierto de la Música Sacrae de Mozart, en la Catedral y encima gratuito… la cosa pintaba bastante bien.

De camino, se me ocurrió lo que a la postre, terminaría siendo una mala idea: pasarme por El Escondite y saludar a los amigos que, seguro estaban por allí jugando a la pocha… No contento con esto, volví a patinar al invitarles a venir conmigo.

Tuvimos suerte y, aunque la Catedral estaba al completo, conseguimos cuatro asientos casi en primera fila… Coro y orquesta preparados, un escenario incomparable y la acústica de la Catedral prometían una gran tarde.

No habían pasado ni 5 minutos de concierto cuando, en voz bajita, uno de mis amigos me pregunta:
Javier… oye… ¿Esto va a ser así to el rato?

Me quedé paralizado, no supe qué responderle… pero ante mi asombro y posterior sonrojo, el campeón se levanta de su asiento y, con el tren en marcha, se larga del concierto a ritmo de “disculpe”… “perdone”… “dejen paso”.

De mis otros acompañantes, uno de ellos fue algo más educado y esperó al intermedio para abandonar el concierto, dejándolo también incompleto, y el otro se quedó conmigo hasta el final, aunque como más tarde me confesó, por simple solidaridad

Aquella tarde tuve una revelación. La Música Clasica es como una piscina de agua helada. No puedes tirar de repente y de cabeza a nadie, sobre todo si nunca ha nadado antes.

Para quien no se haya acercado a la música clásica o a la ópera, asistir a dos horas y media de Wagner o de Richard Strauss, puede ser insufrible… Si es tu primera vez, no vayas a cualquier ópera, no asistas a cualquier concierto, comienza por algo sencillo y digerible… Una Traviata, un Turandot… En este caso, la frase “la primera impresión es la que cuenta” es totalmente cierta.

Ahora lo tengo claro. Sin embargo, desde aquel día, y creo que ya poco puedo hacer al respecto, mis amigos jamás me han vuelto a acompañar a ningún concierto y mucho menos a una ópera… y no les culpo por ello…
La culpa es mía.

http://www.goear.com/files/external.swf?file=8f68035

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5 comentarios

Publicado por en noviembre 9, 2008 en articulo opinion, musica clasica, opera

 

5 Respuestas a “LANZARSE DE CABEZA A LA PISCINA HELADA DE LA MUSICA CLASICA

  1. Ousland

    noviembre 9, 2008 at 10:10 am

    Hola pues yo estoy muy interesado en encontrar un podcast donde se emita musica clasica y, a ser posible, se explique historia de la música. Si puedes darme alguna referencia estaria muy agradecido. Muchas gracias por tu articulo, me ha gustado

     
  2. Irreductible

    noviembre 9, 2008 at 10:19 am

    Yo en mis feeds tengo varias páginas bastante interesantes sobre Música clásica.Te recomiendo: – Refinando nuestros sentidos:http://dmst62.jimdo.com/- Una butaca en el paraisohttp://operitas.blogspot.com/- Zerlinettahttp://zerlinetta.blogspot.com/Y para un Podcast de Música clásica en RTVE tienes el Podcast de “El Mundo de la Fonografía”… Para suscribirte tienes que ir a la web de RTVE y copiar el Feed en tu lector.Un saludo.

     
  3. Ousland

    noviembre 9, 2008 at 12:35 pm

    muy agradecido!! voy ahora mismo a añadir ese podcast a mis descargas y a leer esas páginas. Muchas gracias!

     
  4. Irreductible

    noviembre 9, 2008 at 12:39 pm

    El blog de refinando nuestros sentidos es argentino, aunque su propietario suele pasarse por la Aldea de vez en cuando.Tiene post muy muy completos y además puedes descargarte la música que explica.

     
  5. Myriam

    noviembre 10, 2008 at 8:52 pm

    Para gustos hay músicas… será porque yo crecí oyendo música clásica (que a mis padres les encanta) pero he aprendido a amarla. Creo que el mayor escalofrío de mi vida lo tuve cantando el Requiem de Mozart en un coro de 150 personas más la orquesta. Esa sensación es inigualable

     

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