RSS

Archivo de la categoría: curiosidades de la historia

Minificha 80: Los cerdos chillones, un arma de guerra muy efectiva

Decía Plinio el Viejo en su obra “Historia Natural”, Libro VIII, capítulo 9, que “los chillidos del cerdo aterrorizan a los elefantes (…) que en estado de pánico invariablemente vuelven atrás, y se convierten en no menos formidables para la destrucción de su propio lado, más que de sus oponentes


Por Guillermo

Claudio Elianotambién escribe en “Sobre las característicasde los animales, que el elefante se aterroriza por el chillidode un cerdo, y cuenta que los romanos, enla batalla de Benevento (275 a.C) pusieron en fuga a los elefantes de Pirroenviando contra ellos una piara de cerdos chillones.
Procopio, en su “Historiade las guerras” relata que en el siglo VI d.C, durante el asedio de Edesa,un elefante de guerra se acercó a lamuralla de la ciudad sitiada, y losdefensores descolgaron sobre él un cerdo, que comenzó a chillar en la cara delpobre elefante, que entró en pánico y huyó despavorido.
Pero sin duda, uno de los hitosde guerra más remarcable del calendario porcino sucedió cuando Antígono IIGónatas empleó elefantes para forzar las defensas de la ciudad de Megaradurante la Guerra de Cremónides (267 a.C – 261 a.C).
Cuando los megarenses vieron acercarse a los elefantes,untaron pez líquida a unos cerdos y, tras prenderles fuego, los dejaron salir.Los animales, histéricos, se precipitaron hacia los elefantes que, asustadospor los chillidos de los cerdos en llamas, se aterrorizaron y rompieron suformación, al mismo tiempo que mataban a un gran número de sus propiossoldados.
A partir de ese momento, Antígonoordenó que se criaran a los elefantes con cerdos para que se acostumbraran averlos y no se asustaran de su presencia… ni de sus chillidos.
————————————-
Fuentes y más información:TheElephant in Rome, Artilleríay Poliorcética en el mundo grecorromano de Rubén Sáez Abad, HistoriaNatural de Plinio el Viejo,

Para conocer las novedades de la Aldea

Suscríbete a los Feeds Irreductibles 

!function(d,s,id){var js,fjs=d.getElementsByTagName(s)[0];if(!d.getElementById(id)){js=d.createElement(s);js.id=id;js.src=”//platform.twitter.com/widgets.js”;fjs.parentNode.insertBefore(js,fjs);}}(document,”script”,”twitter-wjs”);

Anuncios
 

Recuperando el tesoro de Troya con 25 kilos de caramelos

Hace un par de meses, Guillermo nos traía a la Aldea la optimista historia del piloto Gail Halvorsen y sus vuelos sobre Berlín lanzando caramelos durante la segunda guerra Mundial. A mi se me encendió la vieja neurona que me queda y me puse a pensar… ¿dónde he leído yo otra anécdota curiosa con caramelos en la segunda guerra mundial?

Después de darle muchas vueltas pude recordar el fantástico libro de C. W. CeramDioses, tumbas y sabios” y finalmente la encontré.

Heinrich Schliemann

Estoy convencido de que todos conocéis la historia de Heinrich Schliemann, aquel joven alemán que, desde su niñez, quedó prendado con la lectura de la Iliada, el clásico de Homero y que dedicó toda su vida a buscar los restos de la ciudad de Troya.

A pesar de haber nacido en un ambiente humilde, Schliemann consiguió amasar una considerable fortuna gracias a sus habilidades con los idiomas y su buena visión para los negocios y la banca. Sus recursos llegaron a tal punto que un buen día decidió que ya era lo suficientemente rico como para dedicarse a lo que realmente le apasionaba: La arqueología.

Y lo consiguió, vaya si lo consiguió. Aunque eso sí, al principio Schliemann entró como elefante en cacharrería con sus excavaciones puesto que, a parte de su afición, el prusiano no contaba con los conocimientos necesarios y causó numerosos destrozos en las estratificaciones de los yacimientos.

Sin embargo, al Cesar lo que es del Cesar. Heinrich Schlieman consiguió lo que casi todos creían imposible: encontrar los restos de lo que hasta aquel entonces se consideraba una ciudad meramente literaria… Troya.

Supuesto tesoro de Príamo encontrado por Schlieman | Dominio Público

Schliemann murió en 1890 y su legado, que había ido atesorando como un cuco escondiéndolo de multitud de autoridades, terminó disperso por diferentes museos e instituciones como el Museo de Prehistoria de Berlín en dónde se guardaron hasta el final de la Primera Guerra Mundial importantes piezas procedentes de su colección privada extraída de Troya.

Pero la llegada de la segunda Guerra Mundial y sus terribles bombardeos lo iban a cambiar todo.

Para salvaguardar el tesoro de Troya sus responsables se apresuraron a distribuirlo y guardarlo en los lugares más seguros que pudieron encontrar.

El conocido como “tesoro de Príamo” llegó en primer lugar al Banco Nacional de Prusia del que tuvo que ser trasladado por la presión de los obuses enemigos hacia el refugio antiaéreo del Zoológico de Berlín, al menos hasta que ambas localizaciones fueron destruidas.

Es en este punto donde las aventuras del tesoro procedente de Troya se vuelven brumosas puesto que comienzan a dispersarse, mientras fuera las bombas arrecian y la guerra se vuelve cada vez más complicada para Alemania.

Se sabe que la mayoría de las piezas de cerámica se distribuyeron principalmente en tres lugares: Schönebeck an der Elbe, el castillo de Petruschen de Breslau y el castillo de Lebus.

Una división que, tras el paso del tiempo, no parece que fuera buena idea puesto que los objetos guardados en Schönebeck se perdieron todos, los custodiados en Petruschen se perdieron cuando la región pasó a formar parte de Polonia y el castillo de Lebus fue saqueado cuando terminó la guerra.

Castillo de Lebus (antes del saqueo y posterior demolición)

Parecía que todo se había perdido, sin embargo poco a poco fueron saliendo a la luz algunas piezas de cerámica procedentes de la tercera localización: Lebus. La noticia de la aparición de algunos de estos objetos llegó a Berlín, más concretamente hasta los oídos de una arqueóloga de cuyo nombre, el bueno de C.W. Ceram no parece acordarse puesto que no lo cita en el libro.

Aun así, nuestra ingeniosa aunque anónima investigadora se puso en marcha y contactó con las autoridades locales para comenzar la recuperación de los preciados objetos de cerámica dispersos por la localidad. Obtuvo el permiso para trabajar en Lebus, pero no consiguió mucha ayuda.

Y es aquí donde entra en juego las golosinas y los caramelos.

Ante la poca colaboración de las autoridades, la arqueóloga compró algunos kilos de dulces y se le ocurrió pedir a los niños del pueblo que le trajesen piezas de cerámica antigüa.

Los objetos de Troya comenzaron a surgir de manos de aquellos chavales que se la entregaban a cambio de caramelos sacados de casi cualquier parte. Su pequeña estratagema funcionó de tal manera que tuvo que conseguir más caramelos, hasta 25 kilos llegó a repartir entre los improvisados arqueólogos infantiles de Lebus.

La sorpresa de la arqueóloga debió ser mayúscula cuando se enteró de que los lugareños de Lebus, desconociendo su importancia histórica, utilizaban en su vida cotidiana todas aquellas vasijas, fuentes y platos procedentes de los lejanos tiempos de los Átridas. Más aún, no solo no sabían de su valor sino que además se había ido asentando la costumbre de romper aquellas viejas ánforas y cerámicas cuando se celebraba una boda… sí, al parecer pensaban que daba buena suerte estrellarlas contra el suelo en la puerta del novio.

Y no sería la única sorpresa. Pronto descubrió que algunos chavales, sabiendo que les daba un caramelo por cada pieza de cerámica encontrada, se dedicaban a partirlas en trozos para conseguir más golosinas.

Finalmente con paciencia y una buena provisión de caramelos, a pesar de todos los contratiempos, nuestra ingeniosa arqueóloga pudo reunir gran parte de las piezas perdidas del tesoro de Príamo procedente de las excavaciones de Schliemann.

——————————

Fuentes y más información: Como digo las aventuras y desventuras de las cerámicas del Tesoro de Príamo y muchas otras historias más las podéis disfrutar en el libro de C.W.Ceram “Dioses, tumbas y sabios“. Además si queréis pasar un buen rato con la sorprendente vida de Heinrich Schlieman podéis recordar al bueno de Juan Antonio Cebrián y sus pasajes de la Historia (Aquí podéis encontrar la gran mayoría de ellos, incluído el que habla de Schlieman –mp3-)

 

Minificha 79: El ingenio del hombre que desbancó el Casino de Montecarlo (1875)

En 1873, el británico Joseph Hobson Jagger, conocido como el primer hombre que “hizo saltar la banca” del Casino de Montecarlo, era ingeniero mecánico en una fábrica textil de Halifax, Yorkshire.

Sus conocimientos sobre tuercas, tornillos y el desgaste que se producía en las ruedas de hilar lana de su fábrica (asimilándolas a las ruletas de los casinos) le hicieron reflexionar con ingenio: ¿las ruletas de los casinos estarán perfectamente equilibradas?  ¿o también se desgastan?… Si es así, ¿ese desgaste puede producir que algunos números tengan más probabilidad de salir que los demás?

Mesas de ruletas. Casino de Montecarlo


Por Guillermo

Con esa idea en la cabeza, Jagger se puso manos a la obra y contrató a seis ayudantes para que apuntaran los resultados de las seis ruedas de ruleta del Casino de Montecarlo, durante las 12 horas al día en que el Casino estaba abierto.

Pasó los siguientes seis días estudiando detenidamente los números, hasta que encontró lo que buscaba: en cinco de las seis ruletas los resultados parecían ciertamente fruto del azar, pero en una de ellas, los números 7, 8, 9, 17, 18, 19, 22, 28 y 29 aparecían con una frecuencia muy superior a lo que la probabilidad natural indicaba.

El 7 de julio 1875 fue el día escogido por Jagger para poner en práctica su teoría. Rápidamente ganó una considerable cantidad de dinero, 70.000 $. Al cuarto día sus ganancias ascendían ya a 300.000 $.

La dirección del Casino comenzó a pensar que aquello era algo más que una racha de buena suerte de cuatro días, así que reorganizó las ruletas, cambiándolas de sitio.

Al quinto día Jagger acudió a su sitio de siempre, pero comenzó a perder. Tras unas horas de confusión, Jagger se percató del cambio de sitio de las ruletas porque la ruleta sobre la que apostaba no tenía el pequeño rasguño con el que días antes había marcado la máquina defectuosa por el desgaste.

Jagger buscó la pequeña marca y localizó de nuevo su ruleta. Jugó y volvió a ganar. El Casino cambiaba de nuevo las ruleta de sitio, y así varias veces, pero cada vez que lo hacía, Jagger la encontraba y ganaba un buen dinero, aumentando sus ganancias totales hasta 450.000 $, cantidad astronómica para 1875.

El Casino tomó nuevas precauciones y durante los siguientes dos días Jagger perdió en sus apuestas.

Jagger decidió que era el momento de retirarse, tomó sus ganancias restantes, 325.000 $ de aquella época, y se fue de Montecarlo para no volver nunca más.

Pagó a sus ayudantes y regresó a Yorkshire, dejando su trabajo en la fábrica e invirtiendo el dinero ganado.

En 1892 falleció Joseph Jagger, el primer hombre que desbancó el Casino de Montecarlo gracias a la inspiración que encontró en una rueda de hilar lana.

———————————-
Fuentes y más información: En “Evolución matemática de los juegos de azar durante el siglo XIX”, 2 y 3
Archivado en la sección: MiniFichas

 

Minificha 78: T-O-R-T-U-R-A (Vietnam, 1966)

El 18 de julio de 1965, Jeremiah Andrew Denton Jr., oficial norteamericano al mando del escuadrón de ataque 75, a bordo del portaaviones USS Independence, participaba en una misión de bombardeo sobre la ciudad norvietnamita de Thanh Hoa. Su avión fue derribado y tanto él como su copiloto, Bill Tschudy, fueron capturados.

Fueron llevados a varios campos como prisioneros de guerra en los alrededores de Hanoi, sufriendo malos tratos y confinamiento en solitario.

En 1966, se le obligó a participar en una entrevista de la televisión norvietnamita.

Fue entonces cuando Denton ingeniosamente se las arregló para avisar a los servicios de inteligencia norteamericana de que tanto él como su compañero estaban siendo sometidos a tortura y malos tratos.


Por Guillermo

Así, mientras contestaba a las preguntas de su entrevistador, Denton, simulando sensibilidad a la iluminación, parpadeó en Código Morse, y en repetidas ocasiones la palabra “ T-O-R–T–U–R–A” (en ingles “Torture”)

Read the rest of this entry »

 

Cuando las zanahorias “ayudaron” a ganar la II Guerra Mundial (1941)

Durante la Segunda Guerra Mundial, el piloto británico John Cunningham se hizo famoso por su especial habilidad durante las batallas aéreas nocturnas. Acreditó 20 derribos de aviones alemanes. De ellos, nada menos que 19 de noche.

Bombarderos alemanes cruzando el canal de la Mancha hacia Inglaterra
Bristol Beaufighter, caza pesado bimotor del capitán John Cunningham

Desde septiembre de 1940 hasta mayo de 1941 la Luftwaffe estaba llevando a cabo un intenso y continuo bombardeo de diversas ciudades del Reino Unido, fundamentalmente Londres, que se denominó “Blitz.
Grupos de pilotos de la Fuerza Aérea británica (RAF) operaban durante el día, tratando de derribar los bombarderos alemanes que literalmente arrasaban el país, dada la debilidad de las defensas antiaéreas.
Por las noches, era el grupo del capitán John Cunningham era el que acosaba las formaciones de bombarderos de la Luftwaffe.
Cunningham, noche tras noche, iba anotando derribos en sus misiones nocturnas, hasta llegar a los 19, acumulando también numerosas condecoraciones por sus arriesgadas misiones.
Famoso como una estrella de cine, recibe el apodo “Cat Eyes” (“Ojos de gato”) por su excepcional habilidad en la batalla nocturna.


Por Guillermo

Y es que, tal habilidad, se había logrado gracias a una dieta especial de zanahorias a la que tanto él como su grupo de pilotos habían sido sometidos durante varios años, consiguiendo así desarrollar en los pilotos una visión nocturna superior.
La campaña publicitaria fue espectacular: Todos a comer zanahorias… mejoran la visión nocturna… como a nuestros pilotos… Los niños ponían la imagen del piloto en las paredes de sus dormitorios… los hombres sembraban sus jardines con zanahorias…
… Pero esa era la explicación oficial.

Más información »

 

Cuando Berlín fue “bombardeada” con caramelos (1948)

En el mes de junio de 1948 Stalin ordenó a sus tropas bloquear todos los accesos por tierra y fluviales a Berlín Occidental, que contaba por entonces con más de dos millones de habitantes, a los que cortarían radicalmente el suministro de alimentos, combustible y otros bienes.

La idea de Stalin era que, ante la falta de suministros, pronto se rendirían y aceptarían registrarse en la administración de racionamiento de Berlín Oriental, consintiendo así, tácitamente, formar parte de la zona comunista de Alemania.

Los aliados occidentales idearon entonces un arriesgado plan: abastecer la ciudad por vía aérea, a razón de unas cuatro mil toneladas de suministros al día, algo que, en principio se presentaba como imposible.


Por Guillermo

Pero, al cabo de unos meses, Berlín recibía una media de novecientos vuelos cada día (llegando a alcanzar 1.400 vuelos diarios), que la abastecían con más de nueve mil toneladas diarias de bienes.

Muchos de esos vuelos aterrizaban en el aeropuerto Tempelhof, en el sector norteamericano de Berlín.

Precisamente en las pistas de aquel aeropuerto se encontraba un día de julio de 1948 el piloto norteamericano Gail Halvorsen, tras uno de estos vuelos del puente aéreo.

Seguir leyendo el artículo completo…
Más información »

 

Historia, Ciencia y realismo en los cómic de Tintín

Este verano ha caído en mis manos (prestado de una biblioteca, mientras ojeaba curiosamente con mis hijos el apartado infantil) un genial libro titulado “Tintín: El sueño y la realidad. La historia de la creación de las aventuras de Tintín”, de Michael Farr.

Como ávido lector, una y otra vez, de las historietas de este reportero creado por Hergé he de confesar que no pensaba, en principio, encontrar nada nuevo en el libro excepto curiosidades de las primeras viñetas en blanco y negro, alguna edición “pirata” o, como mucho, alguna tira inacabada o descartada por el autor.


Por Guillermo

Pero nada más lejos de la realidad.

Repasados cronológicamente, Farr desmenuza uno a uno los álbumes de Hergé, lo que permite constatar cómo el dibujante fue también cronista de la Historia de esa época (“El loto Azul”: invasión japonesa de Manchuria; “El Cetro de Ottokar“: las anexiones nazis; “Tintín en el país del oro negro”: la lucha por el petróleo; “La oreja rota“: la guerra Paraguay-Bolivia; “Stock de coque”: el tráfico de esclavos…).

O el uso de personajes reales para crear los suyos y, sobre todo, las referencias reales y precisas en sus paisajes, ambientaciones, vehículos, arquitectura… que, a pesar de considerarme algo “tintinófilo” hasta ahora no había llegado a apreciar en toda su magnitud.

Fotografía del archivo Hergé y viñeta de “Tintín en el Tíbet

Y buena parte del secreto, según nos muestra Farr, estaba en unas cajas de documentación que Hergé ordenaba en apartados, algunos inverosímiles (Accidentes, Anuncios, Alpinismo, Billetes de transporte, Hombres-rana, Música-gitanos… ) y que recogen el ingente material que el perfeccionista Hergé fue recortando obsesivamente de revistas, diarios y catálogos de todo tipo pensando que podría serle útil para sus historietas.

El contenido de esas cajas, así como fotografías (algunas tomadas por él mismo), suscripciones a revistas como National Geographic, y su extensa biblioteca dotaban a las viñetas de Tintín de un perfecto realismo; tal vez esta es la clave de su éxito y de su vigencia.

Hoy voy a tratar de mostraros gráficamente algunos de esos ejemplos de realismo e inspiración que Farr describe en su libro.

Tanto si sois lectores de las Aventuras de Tintín como si no lo sois, creo que os puede resultar curioso y divertido. Y, si os ha gustado, no puedo sino recomendaros que os hagáis con el libro, donde podréis encontrar muchos más detalles interesantes.

Portada “Le Miroir” / Hernández y Fernández

Hernández y Fernández (Dupond et Dupont en la versión original) son una pareja de policías casi idénticos (bigote, bombín y bastón son sus tres principales señas de identidad). Sólo se distinguen por el bigote, que Hernandez (Dupont) lleva con dos pequeñas guías o “rabitos“, mientras que Fernández (Dupond) no los tiene.

Pese a las apariencias, no hay entre ellos ninguna relación de parentesco.

Se puede suponer, sin temor a equivocarse, que su característico físico y su aspecto general le fueron inspirados por la fotografía de portada de la revista parisina “Le Miroir” (que figuraba en la documentación de Hergé) en la que aparecen dos detectives con bigote, bombín y paraguas escoltando a un detenido.

Auguste Piccard / Profesor Tornasol

El profesor Silvestre Tornasol (Tryphon Tournesol en la versión original) encarna el arquetipo del científico despistado. Su sordera hace que se aísle en un mundo propio, sin enterarse de lo que ocurre a su alrededor, lo que propicia un sinfín de situaciones cómicas.

El inventor suizo Auguste Piccard sirvió de inspiración a Hergé para la creación del profesor Tornasol.

Piccard, amigo personal de Hergé, fue el inventor del batiscafo y estableció el récord de inmersión.

Un detalle en “El Loto Azul”: Fotografía extraída de los archivos de Hergé de una escena callejera en China, y su plasmación en el álbum

Sacado de un recorte de prensa de la documentación de Hergé, el prototipo de un submarino monoplaza alemán, cuya arquitectura general es muy parecida a la que inventó Tornasol en “El tesoro de Rackham el Rojo”.

Entre su extensa biblioteca figuraba este libro de Vicente Blasco Ibáñez. La fotografía de su portada acabó convirtiéndose en león de escalinata en la aventura china de “El loto azul

El cuidado de los detalles era extremo. Por ejemplo estas locomotoras (la primera a vapor y la segunda eléctrica) que aparecen en la versión en blanco y negro y después en color, respectivamente, de “La isla negra

Más detalles de realismo: Fotografía del archivo de Hergé del ferry que conecta Inglaterra y el continente, y su plasmación en la historieta cuando Tintín hace la ruta hacia la costa inglesa.
También una imprenta de la época incluida en los dossier del dibujante.

Otro ejemplo de los avances tecnológicos en los álbumes de Tintín: En la primera versión en blanco y negro de “La isla negra” la televisión es en blanco y negro. En la versión en color la televisión también lo es y su diseño se ha actualizado.

Respecto al mobiliario, vestimentas y accesorios en la obra de Tintín se observa también el perfeccionismo y escrupulosa verosimilitud.

Nada era gratuito ni inventado: ni el abrigo último modelo de Bianca Castafiore (sacado de un catálogo de colección de moda de 1960) en “Las joyas de la Castafiore”, ni los trajes espaciales de “Aterrizaje en la Luna” (un prototipo que estudiaban los científicos en 1954), ni la silla típica de la estética Bauhaus en un club occidental en “El loto azul”.

Detalle en “El Cetro de Ottokar

Detalle en “La oreja rota

Detalle en “Stock de Coque”: Kurt, el comandante del submarino que intenta torpedear el “Ramona”. A la derecha, una fotografía del archivo de Hergé de un comandante de un “U-Boot” alemán

————————-
No suelo ni me gusta hacer dedicatorias, pero permitidme que este artículo se lo dedique a Ignacio y a Carlos, mis hijos mayores (9 y 6 años), en los que ya se está despertando el interés por estas entretenidas aventuras y, que, como ellos ya saben, a lo largo de este curso y siguientes, irán “heredando” mi colección completa de Tintín, a condición de cuidarla y disfrutarla como yo lo he hecho.

Para conocer las novedades de la Aldea

Suscríbete a los Feeds Irreductibles